jueves, 30 de septiembre de 2010

La ultima gota.

La ultima gota que rozó mi garganta, me recordó que se me acabó la botella. La última gota... era amarga, era tan amarga como el recuerdo de sus labios. Me incliné sobre el escritorio para vomitar con mis manos en el papel. Y lo que ví me gustó menos todavía. Lo que antes eran bellas palabras sobre sus ojos, ahora eran turbios pensamientos de los cristales que caían por los míos. Todo moría ahogado en un mar de lágrimas. Solo la tenue luz de una lámpara, una silla de madera roída por el paso del minutero y un vaso vacío me acompañaban aquella noche. Momento del papel y la pluma.

El leve tintineo de mi maltrecho corazón me recordó que me estaba parapetando sobre una losa trasparente de felicidad. Vacía de todo ingenio. Colmada de soledad. Ella se marchó aquella mañana y yo me derrumbaba aquella noche. Cuando creí haberla atrapado, se me escapó de nuevo y para siempre. Ahora yace mi cuerpo en la celda de mi mente, prisionero de su deseo. Condenado a la cadena perpetua de su pérdida y al impasible latir del reloj, que marcaba cada segundo. Segundos que se clavaban en mi dolor, como una eternidad. Entre las cuatro paredes de mi cuarto, lo único que quedaba con vida eran las palabras que lloraban mis manos.

La ultima gota abrasaba todo mi ser. Ya no recordaba nada: si comencé a beber porque ella me dejó... o si me dejó por comenzar a beber.


lunes, 20 de septiembre de 2010

Sum

Soy cada segundo de aire respirado. Soy cada amanecer observado y cada gramo de cal. Soy la luz que toqué con la punta de los dedos después de besar la oscuridad. Soy el abrazo frío de la cálida soledad. Soy cada segundo que pasa esa puerta cerrada...pero también lo soy cuando la abres. Soy un mar en calma enfurecido por un Dios que no existe. Soy las ganas de llorar en medio de la contienda. Soy el fragor de la batalla y el rugido del cañón cuando por la boca sólo se disparan palabras. Soy prosa, pero me torno verso cuando veo tu cuerpo desnudo. Soy cada milímetro de tu piel, soy cada gota que vive en tu boca. Soy cada anochecer compartido, soy cada efímero latido. Soy lo que debo ser cuando no me conviene. Soy cayado que rechina contra el suelo, en ecos de silencios sordos. Soy sórdidos amaneceres con piernas quebradas y tristes sonrisas. Soy vástago y miel. Soy tarugo y hiel. Soy el perdido, el desaparecido entre la incertidumbre de tu ayer. Soy el que sólo se encuentra, en la esperanza de encontrarte mañana. Soy cada palabra escrita, cada marioneta rota. Soy un juguete de sólida porcelana, más blanco que tu insana pupila. Soy cada vez que tengo ganas de ser quien es tu lánguido cielo. Soy cetrino y sobrio, cuando pintas de luz mis raídos rincones. Soy la tiniebla de tu despertar. Soy al que nunca debiste hablar. Soy cada persona que conocí, soy quien quiso hacerme daño. Soy aquel que me ayudó a levantarme. Y soy el que volveré a caer. Soy culpable del verdugo, soy soldado y coronel. Soy de los labios la sonrisa, de la sonrisa el entristecer. Soy inocente de ser. Soy muerto rodeado de vivos. Soy un vivo que entre la gente no sabe correr. Soy cada impulso preciso que dicta que me calle. Soy cada sabor de un alboroto y las ganas de saltar. Soy lo que al dia le sobra de la noche. Soy lo poco que de mí se deba extrañar. Soy naufrago perdido cuando se pierde, solo en mitad de tu mar. Soy la música que de mis pálpitos el reloj hace sonar. Soy caricia. Soy amar. Soy la más dulce mentira, soy la más dolorosa verdad. Soy el odio. Soy mi pelo. Soy el susurro que me hace despertar.

Soy lo que debiste olvidar cada vez que me recuerdo. Soy lo que recuerdo que debí olvidar. Soy el tiempo impasible, enemigo de tu escudo roto. Soy la vejez añorando retornar. Soy años de suplicio y penas por contar. Soy penas abrazadas y largos tragos de sal. Soy la abierta herida. Soy lo que la noche le pide al día. Soy la última bala de mi recámara. Soy mi peor aliado y mi mejor enemigo.

Soy lo que soy...
¿O no?

martes, 14 de septiembre de 2010

No volverá



No volverá a caer la fría gota
de mis cansados ojos negros.
No volverá a ser la noche rota,
ni a pronunciar mis labios sonetos.

No despuntarán albas sordas
del oscuro compás mis latidos.
No velará mi alma triste y sola
ni a despertarme del gris olvido.

No será quién me venza a mí
porque de todo, fui ya vencido.
Ni a colorear de rojo el olivino
del corazón que solo sabe latir.

No volverán mis blancas manos
a consolar tu rizada y afilada piel.
No caeré, sino he caído ya, en vano
ni a caminar cuando estoy en pie.

No se volverán mis ojos a abrir,
para contemplar tu desnudo abril
arropado por mi gélido invierno.
Ni volveré a soñar, pues sueño de tí.

No intentará mi pecho desierto
a tu pelo, cavar trincheras de miel.
No seguirá el incombustible embrujo,
de tu boca, que es fría como la hiel.

No tendré que repetir estas líneas,
ni a prometerte que siempre te amaré.
No tendré que esconderme de tu idea,
ni a sobrevivir para de nuevo perder.

No tendré esta noche del viento nada,
pues lo único que de ti tenía,
eran las suaves y cálidas madrugadas.

No llevaré puesta nunca de ti nada,
pues lo único que tenía de tí
era la sonrisa falsa, y la cara marcada.

No caerá de la luna un reguero de tinta
pues lo único que escribí,
eran versos marcados en mi tosca frente.

No será mi vida ya la que sea distinta
pues lo único que sentí
era dejar escapar versos y a la gente
por tí.








miércoles, 1 de septiembre de 2010

Aunque jamás haya pasado

Añoro volver a escuchar tu voz. Y volver a dejarme llevar entre esas sábanas blancas. Como un blanco recuerdo. Aunque jamás haya pasado.
Añoro volver a jugar en tu pelo. Y volver a dejarme llevar entre las zarzas de tus susurros. Como perderme en una maraña de sensaciones grises. Aunque jamás haya pasado.
Añoro volver a tocar tus manos. Y que sean ellas las que envuelvan mi cuello. Como querer escapar de una muerte ya sentenciada. Aunque jamás haya pasado.
Deseo volver a observarte desde el silencio, agazapado. Como un predador que espera encerrado en su libertad la oportunidad de vencer para sobrevivir. Para verte sonreír. Añoro volver de tí, de cualquier parte. Y hacia ningun lugar. Aunque jamás haya pasado.
Añoro la oportunidad de poder compartir dos segundos de cordura y los más de locura. Añoro aquel dia en el que por fin te pueda escuchar. En el que sepas quién soy yo de verdad.
Añoro tus abrazos, tu cálida piel morena y tus oscuros y suaves ojos. Y el tacto de esos labios que jamás he probado. Porque pienso y eres tú... aunque jamás haya pasado.

Añoro poder hablar contigo, porque desde que te ví... ya nada es igual. Porque nada es igual, aunque en realidad, de todo, jamás ha pasado.