¿Qué ha pasado?
Vivir en Madrid, te enseña varias cosas, la primera y más importante: la ciudad es la ciudad y debes quererla tal y como es.
Vivir en Madrid te enseña a respirar, aunque el aire esté compuesto de alquitrán. Te enseña a esquivar obstáculos, aunque no los tengas que esquivar. Te enseña a no dejar de confiar en ti mismo, ni dejar de confiar en los demás, puesto que cada individuo está solo, estando rodeado de muchedumbre.
Cada mañana me hace gracia, como en algunas ocasiones, el gris suelo se agrieta y crece hierba. Sórdido contraste. Eso dice mucho de la ciudad y de sus personas.
Paseo por sus calles y a veces pienso en que vertemos el tiempo en reinventarnos un recuerdo gris, una sonrisa cetrina, una caricia en blanco y negro. Pero son tan válidas como las que se ven ahora, en televisiones digitales, a todo color y sonido estéreo.
Un torbellino de luces de neon se ha llevado a las personas y ha dejado a individuos de plástico.
Madrid.. el rápido movimiento de Madrid y su cielo, a veces te da un respiro para poder mirar y darte cuenta de que cada día todo es más frenético.
Pasamos del tono sepia-granulado, al tecnicolor y a las televisiones de LED, y Madrid sigue ahi, impune al trasiego de la gente que va cambiando de color cual camaleón.
Qué importa que le crezcan flores... el progreso las arrancará por usted. Pero la ciudad se calla y todo el mundo sigue en pie.
Pero merece la pena pararse a mirar todo esto, merece la pena darse cuenta de la reacción, cómo se te eriza la piel con un sentimiento entre tanto viandante. Aunque parezca que las cuchillas del futuro van cortando los tallos del pasado, merecerá la pena siempre que exista una historia que contar entre tanto ordenador, coche, restaurantes de comida rápida y gente en trajes con maletines imponentes.
A veces nos olvidamos de lo realmente auntentico para mimetizarnos en un mar de gente que deambula, de un lado para otro, con un movimiento hipnótico que te arrastra hasta el vértice de una parábola, que desciende desde la autosuficiencia, se refleja contra la ignorancia y asciende hacia la alienación.
Los poetas han muerto
y las bondades
y las bonitas canciones
no queda nada,
de la belleza infundada
no quedan noches con luna
ni la vida
y la luz del oscuro cielo
buscando su cuna
niña de ojos de aceituna
no existen las pasiones
y las verdades
han sido vistas en ordenadores
y los ojos verdes
han muerto en negras tempestades
la música se ha acabado
caballo alado
recorre sus quietudes
y la juventud
de su sangre se ha marchado
los poetas ya no existen
ni sus inspiraciones
ni sus ideales
y el romántico despertar
ya de nada sirve
cuando ya nada queda...
¿cómo se llamaba aquella antigua canción?
y las bondades
y las bonitas canciones
no queda nada,
de la belleza infundada
no quedan noches con luna
ni la vida
y la luz del oscuro cielo
buscando su cuna
niña de ojos de aceituna
no existen las pasiones
y las verdades
han sido vistas en ordenadores
y los ojos verdes
han muerto en negras tempestades
la música se ha acabado
caballo alado
recorre sus quietudes
y la juventud
de su sangre se ha marchado
los poetas ya no existen
ni sus inspiraciones
ni sus ideales
y el romántico despertar
ya de nada sirve
cuando ya nada queda...
¿cómo se llamaba aquella antigua canción?
buena forma de ver madrid...
ResponderEliminaryo lo veo de otra forma, un ritmo demasiado frenético, todo va demasiado rapido.
a mi me gusta mucho mas la calma, la parsimonia, la tranquilidad. creo que son valores que, aunque la gente los crea perdidos, tambien los tiene madrid - aunque cuesta encontrarlo, jejeje.
pero eso si, madrid tiene una magia... indescriptible!!