Mire donde mire, solo veo ceniza donde debía haber fuego.
Veo rostros repletos de ausencia de la vida, irradiando desde las cuencas de sus
ojos, vestigios de luna. Noto a cada suspiro la mirada inerte de los que se mueren
por no querer vivir. Mire donde mire, sólo veo la tormenta pasar de largo ante
mi costa. Nadie perturba la calma que me adormece, nadie hace un ruido que me
despierte. Vivo en esta eterna cueva rodeado de mí mismo, haciéndome tropezar
contra las cuerdas. En el alambre todo se ve mejor.
Me despierto y busco razones. Me levanto de la cama y espero
un milagro. Tu sonrisa, mi almohada, fin. Me abandono a mi propia suerte, soy
mi jergón sin acompañar. Sólo él, solo yo. Pienso que así está bien, que no
debería importar. Pienso que todo está demás cuando nadie te hace brillar; me
vuelvo a mirar al espejo y vuelvo a temblar.
Por llenarte la piel a besos, Libertad, la mía acabó hecha
girones de tiempo sobre un reloj parado, saliendo volutas de humo a cada
segundo no vivido. Y mientras caía al suelo la verdad más pequeña de todas, la
mentira más grande del Universo, yo descubría sobre mi imaginación tu cuerpo
desnudo sobre el mío. Ahora debo contemplar cómo el mundo te hace sombra desde
una óptica tan diminuta como el significado mismo de estas frases. Debo
permanecer en silencio mientras observo cómo todo lo demás dice estar bien.
Y sé que te irás. Y sé que no volverás. Todo dispuesto para
disparar con balas de plata a este ser cansado de aullar a la Luna. Por acabar
con esa mente que formulaba:
¿Qué tendrá la muerte que todo el que la prueba no vuelve a
vivir?
En este páramo gris donde la lluvia no me moja incluso lloviendo a diario, me siento en mi nube y empiezo a dibujar cómo sería el todo sino lo hubiésemos convertido en nada. Si hubiésemos reaccionado a tiempo para salvarnos del desastre. Pero mire donde mire, sólo veo ceniza, sólo veo Luna. Sólo veo la plata: tu plata camino de mi sien.
2018